Las
Cortes de Martínez Marina
Condenada
por la Inquisición, la obra es una romántica defensa de la libertad frente al
absolutismo, por un autor considerado por Menéndez Pelayo como el padre de
nuestra historia municipal.
En
la temprana fecha de finales de 1808, cuando todavía la convocatoria de Cortes
en Cádiz estaba lejos de imaginarse, Jovellanos escribió a Lord Holland que
“por una señalada y alta providencia acababa de salir a la luz en el tiempo en
que era necesaria y podía ser más provechosa” una obra sobre las Cortes, cuyo
autor no era otro que don Francisco Martínez Marina. Se trataba, evidentemente,
de su Ensayo histórico-crítico sobre la
legislación y principales cuerpos legales de los Reinos de León y Castilla, que,
como diría años después Eduardo Hinojosa, es “es la mejor obra que aún hoy
poseemos sobe historia el derecho”. Y a ella siguió poco después su obra más
conocida, su Teoría de las Cortes o
grandes Juntas Nacionales de los Reinos de León y Castilla. Monumento a su
constitución política y de la soberanía en el pueblo que, si de menor rigor
científico y crítico que la anterior, es una obra capital que llenó toda una
época de la historia política española.
Afrancesado y liberal
Escrita
durante los años de la Guerra de Independencia, fue dada a conocer por el autor
en 1810, y finalmente vio la luz en 1813. Razón por la cual, por su
colaboracionismo primero con la causa napoleónica, y por sus simpatías
liberales, después, habría de ser denunciado al Consejo de Castilla para que
procediera contra él por haber escrito la Teoría
de las Cortes, una obra que los realistas calificaban de atentatoria contra
la autoridad y opuesta a los derechos del monarca, de la Iglesia y de todas las
clases del Estado.
En
efecto, la obra fue condenada ante la Inquisición (que no llegó a pronunciar
sentencia) por “contener proposiciones erróneas, mal sonantes, contrarias a la
doctrina de los Santos Padres, sediciosas, inductivas a la rebelión contra las
legítimas potestades, gravemente injuriosas a la nación española, a sus leyes,
costumbres y verdaderas glorias, a los papas y a los reyes en general, y, en
especial, a todos los de la casa de Austria y Borbón, sumamente denigrativa de
la Inquisición y de los eclesiásticos seculares y regulares; además de otras
muchas contra sus bienes e inmunidades, contra nuestros militares de la última
época, contra los teólogos, canonistas, letrados y abogados y otras clases
civiles y honradas”.
Contra
los déspotas
Para
Martínez Marina, a las Cortes se debía “todo el bien, la conservación del
Estado, la existencia política de la Monarquía y la independencia y libertad
nacional”. Y verdaderamente, en la obra hace un canto romántico de sus
excelencias, que el autor contrapone al “lenguaje de los déspotas”, siempre
secundado por “los aduladores de los príncipes y enemigos de la libertad
nacional y de los derechos del hombre”.
Con
unos conocimientos amplios y profundos, el autor aborda la historia de las
Cortes desde su establecimiento como una parte esencial de la constitución del
Reino y como el cimiento de la independencia y libertad nacional.
En
la obra no hay asunto relativo a las Cortes que no se aborde en toda su
complejidad, desde la influencia de los eclesiásticos en los asuntos de
gobierno hasta las alzadas de los magistrados supremos y tribunales de
apelación. En suma toda una obra emblemática de la historiografía liberal
española, de corte verdaderamente revolucionario.
Autor:
M. Moreno Alonso
